«Si yo fuera el diablo» una reflexión que resultó ser profética

SI yo fuera el diablo

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Fue escrito por Paul Harvey, el 3 de abril de 1965. A casi medio siglo, sus líneas resultaron ser proféticas. Aquí su contenido:

“Si yo fuera el diablo… quiero decir, si yo fuera el Príncipe de las Tinieblas, desearía, desde luego, sumergir a la tierra entera en tinieblas. Poseería una tercera parte de sus terrenos y cuatro quintas partes de su población, pero no sería feliz hasta no haber agarrado la manzana más madura del árbol.

Así que, me las arreglaría comoquiera que fuera necesario para tomar control de los Estados Unidos de América. Comenzaría con una campaña de susurros. Con la astucia de una serpiente, susurraría a usted, como susurré a Eva: ‘Haga lo que quisiera. Haga cómo quisiera’. Susurraría a los jóvenes: ‘La Biblia es un mito’. Les convencería que el hombre creó a Dios en vez de viceversa. Les confesaría en secreto que lo malo es bueno, y que lo que es bueno es ‘carca’. Al oído de los que acaban de casarse susurraría que trabajar es degradante; que las fiestas de cóctel hacen bien a uno. Les advertiría que no fueran extremistas cuando de la religión se trata, o del patriotismo, o de la conducta moral. Enseñaría a los ancianos a orar. Les enseñaría a repetir tras mí: ‘Nuestro Padre, que está en Washington…’.

Si yo fuera el diablo, educaría a los autores sobre cómo hacer la literatura morbosa aún más excitante de tal manera que cualquier otra cosa pareciera aburrida y sin interés. Amenazaría a la industria de la televisión con películas de largometraje todavía más sucias, y viceversa. Entonces, si yo fuera el diablo, me organizaría. Infiltraría uniones, abogando por más holganza y menos trabajo, pues las manos desocupadas usualmente trabajan por mí. Pasaría estupefacientes a quien pudiera. Vendería bebidas embriagantes a damas y caballeros distinguidos. Y pondría embobados a los demás con pastillas.

Si yo fuera el diablo, animaría a las escuelas a refinar el intelecto de los jóvenes, pero a no preocuparse por inculcarles la disciplina de emociones –deje que estas corran desenfrenadamente. Designaría a una ateísta que me representara en las cortes más altas del país y motivaría a predicadores a decir ‘Ella tiene la razón’. Valiéndome de halagos y promesas de poder, podría conseguir que las cortes legislaran a favor de lo que concibo como opuesto a Dios, incluso la pornografía, y así, echaría a Dios de los tribunales, y luego de las escuelas, y entonces de las recámaras del Congreso, y entonces, en sus propias iglesias sustituiría la psicología por la religión, y deificaría a la ciencia, pues haciendo esto, los hombres podrían adquirir suficiente inteligencia para crear armas de destrucción masiva pero no la sabiduría necesaria para controlarlas.

“Si yo fuera Satanás, haría que el símbolo de la Pascua fuera un huevo, y que el símbolo de la Navidad fuera una botella. Si yo fuera el diablo, tomaría de los que tienen, dándoselo a los que no tienen, hasta el punto de acabar con lo que incentiva a los ambiciosos. Y entonces, mi estado policíaco obligaría a que todo el mundo volviera a trabajar. Luego, podría disolver a las familias, haciendo a niños servir en las fuerzas armadas, a las mujeres trabajar en minas de carbono, y objetores, en campos de concentración. En otras palabras, si yo fuera Satanás, seguiría haciendo lo que él ya está haciendo.

Hasta aquí las letras de Harvey.

Sin  embargo, aunque la tierra este desordenada y vacía, y las tinieblas estén sobre la faz del abismo… ¡aún el Espíritu de Dios se mueve sobre la faz de las aguas! Aunque el diablo sea diablo, El Cordero de Dios que quita el pecado del mundo es Rey de Reyes y Señor de Señores.

¡Renuncio!

Renunciando al ministerio

¿Quién no ha pensado renunciar alguna vez a continuar sirviendo a Dios? Miles de siervos del Señor han bosquejado alguna vez (aunque sea en la mente) su renuncia al ministerio. La aparente escasez de resultados, la crítica, la estrechez económica, el agotamiento por las múltiples tareas, la limitante de la edad, entre otras cosas han llevado a considerar cambiar el rumbo de nuestras vidas.

Pero, servir a Dios no es un trabajo, un oficio o profesión; no es una actividad a la cual decidimos dedicarnos. ¡Es ante todo un llamado de Dios que nos ha sido dado junto con los dones para desempeñarlo! José no eligió gobernar Egipto, Dios lo eligió a él; Moisés no escogió libertar a Israel, Dios lo eligió a él. El auténtico siervo de Dios es escogido desde el vientre materno para una tarea y una generación específicas tal como se narra de Jeremías o Pablo.

Entendiendo esto debemos concluir que los problemas, la oposición o aún nuestros sentimientos no deben ser excusa para renunciar a la obra de Dios. ¡Nadie nos dijo que el ministerio es un paseo en el Edén, sino más bien, una noche en Getsemaní! Es allí donde oímos al Siervo por excelencia exclamar: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que túMarcos 14:36.

¡Que Dios nos sostenga cuando las aguas suben y el fuego arde! ¡Que nos lleve a imitar el ejemplo del Apóstol Pablo que concluyó: Si anuncio el evangelio, no tengo por qué gloriarme; porque me es impuesta necesidad; y ¡ay de mí si no anunciare el evangelio! 1 Corintios 9:16.

¡Ánimo! ¡Sigamos adelante, peleando la buena batalla, guardando la fe hasta terminar la carrera! ¡Pronto estaremos en Casa!

El progreso de un peregrino

Progreso de un peregrino
La mayoría de la gente carece de propósitos y metas en la vida. Millones de almas viven llevadas por las olas del mar de las circunstancias. Muchos cristianos e iglesias se encuentran en este estilo de vida. Viven su fe como una tradición sin alcanzar la madurez ni cumplir con los planes de Dios para su generación. Pueden llegar a ser muy activos pero poco productivos. Esto no es bíblico.

Desde el primer libro de la Escritura encontramos a Dios en la semana de la creación en un orden progresivo, haciendo todo en un espacio de tiempo y con un propósito determinado. Es mi convicción que Dios nos sacó de las tinieblas para vivir en la luz y dar abundante fruto que glorifique a Dios.

Vayamos a
Génesis 1 y encontraremos el método de Dios en la creación. El proceso de salvación y santificación sigue el mismo orden.
Génesis 1:1 En el principio creó Dios los cielos y la tierra. 2. Y la tierra estaba desordenada y vacía, y las tinieblas estaban sobre la faz del abismo, y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.
El incrédulo lleva un vida desordenada y vacía. Vive buscando las ofertas del mundo: los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida (1 Juan 2:16). Es esclavo de sus propios deseos, tiene la mirada puesta en las cosas terrenales, vive afanado por ganar este mundo. El vacío de su corazón lo trata de llenar con más dinero, más bienes materiales,  más sexo y más placer.

Pero en medio de las tinieblas, se mueve el Espíritu de Dios que convence al pecador de su bancarrota espiritual, lo confronta con la eternidad, lo guía al arrepentimiento, le provee de fe y lo hace nacer de nuevo. Aquí es donde comienza la aventura de la vida cristiana que sigue un proceso muy similar al de la creación. Vayamos día a día y hagamos un paralelo entre la creación y la consagración a Dios.
 
DÍA 1 (v. 3-5)
3. Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.
4. Y vio Dios que la luz era buena; y separó Dios la luz de las tinieblas.
5. Y llamó Dios a la luz Día, y a las tinieblas llamó Noche. Y fue la tarde y la mañana un día.
Dios separó la luz de las tinieblas

En el Evangelio de Juan 1:9 se nos dice que Jesús es el Verbo, es Dios y es la Luz verdadera que alumbra a todo hombre y quienes lo reciban, los que creen en su nombre tienen el derecho de ser hijos de Dios.  Un nuevo creyente se convierte en luz del mundo (Mateo 5:14). Es así que la primera evidencia de haber nacido de nuevo es separarse de las tinieblas, abandonar el mundo, el pecado. Por ello, el Apóstol Pablo escribió en
2 Corintios 5:17 que: “si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas.”

El creyente debe considerarse muerto al pecado (Romanos 6:2) y ya no debe vivir en él. El cristiano debe presentar su cuerpo como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios y no conformarse a este siglo, sino transformar su manera de pensar de acuerdo a las Escrituras (Romanos 12:1-2).

Dios tomó el primer día para separar la luz de las tinieblas. La primera etapa de la vida cristiana consiste en ordenar nuestra vida personal. Se debe abandonar el adulterio, la fornicación y toda inmoralidad sexual para vivir en pureza como Cristo le ordenó a la mujer sorprendida en adulterio en Juan 8. Se deben restaurar relaciones rotas, extender el perdón a quienes nos han ofendido. Es necesario pagar deudas y restituir lo robado como el publicano Zaqueo en Lucas 19.

Dios ha escogido lo vil y menospreciado pero no para que sigamos siendo viles e inmundos sino para que anunciemos las virtudes de un Dios que nos cambia y nos restaura la imagen divina que perdimos con el pecado. Un cristiano genuino jamás será igual, porque Cristo vive en él y el Espíritu Santo produce en su vida amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza. La luz en las tinieblas resplandece y las tinieblas no prevalecen contra ella (Juan 1:5). Cuando un hijo de Adán pasa a ser hijo de Dios, no únicamente cambia su eternidad, su más allá, sino su más acá, su vida diaria, su mente y sus valores.
Dios sigue separando la luz de las tinieblas. Y usted,  ¿ya salió de las tinieblas?
 
DÍA 2 (v. 6-8)
6. Luego dijo Dios: Haya expansión en medio de las aguas, y separe las aguas de las aguas.
7. E hizo Dios la expansión, y separó las aguas que estaban debajo de la expansión, de las aguas que estaban sobre la expansión. Y fue así.
8. Y llamó Dios a la expansión Cielos. Y fue la tarde y la mañana el día segundo.

Dios hizo la expansión y separó las aguas de arriba de las aguas de abajo

Jesucristo afirmó en Juan 15:3 que su palabra nos limpia, nos lava. Las aguas representan la Palabra. Pero hay aguas de arriba y aguas de abajo. El segundo paso en la vida cristiana es aprender a distinguir la Palabra de Dios (las aguas de arriba) de las palabras de los hombres (las aguas de abajo).

Existen muchos grupos pseudocristianos dirigidos por gente que enseñan desviaciones de las Escrituras, varios de estos líderes viven en pecado, sus iglesias no están registradas legalmente y varias de ellas son resultado de divisiones de otras iglesias. Algunas las llaman sectas. Sus enseñanzas representan las aguas de abajo, sus interpretaciones particulares de las Escrituras y sus visiones o sueños en forma de dogmas.

En el segundo día, el cristiano debe aprender a separar las enseñanzas bíblicas de las enseñanzas de los hombres. Para ello debe sujetarse a la Palabra profética más segura a la cual debe estar atento como a una antorcha que alumbra en lugar oscuro (2 Pedro 1:19). La Biblia es la lámpara que ilumina nuestro andar diario (Salmo 119:105).  El Espíritu provoca deseo en el creyente, como niño recién nacido, de la leche espiritual no adulterada, para crecer para salvación (1 Pedro 2:2). Pero en poco tiempo debe ejercitar sus sentidos espirituales en el discernimiento del bien y del mal para degustar de alimento sólido propio de quienes han alcanzado madurez (Hebreos 5:14).

El cristiano procura escudriñar toda la Escritura porque es inspirada por Dios y es útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia a fin de prepararse para vivir como Dios manda (2 Timoteo 3:16-17).  En los pasajes que causan dificultad, se sujeta a la ley y al testimonio (Isaías 8:20).  Un cristiano que adopta la mentalidad de Berea de escudriñar día a día las Escrituras (Hechos 17:11) evitará ser desechado como el pueblo que fue destruido porque le faltó conocimiento (Oseas 4:6).

El cristiano debe saber en qué cree, invertir en su educación y estar siempre preparado para presentar las verdades cristianas a quienes le rodean (1 Pedro 3:15). ¿Usted ya ha separado las aguas de arriba de las aguas de abajo?
 
DÍA 3 (v. 9-13)
9. Dijo también Dios: Júntense las aguas que están debajo de los cielos en un lugar, y descúbrase lo seco. Y fue así.
10. Y llamó Dios a lo seco Tierra, y a la reunión de las aguas llamó Mares. Y vio Dios que era bueno.
11. Después dijo Dios: Produzca la tierra hierba verde, hierba que dé semilla; árbol de fruto que dé fruto según su género, que su semilla esté en él, sobre la tierra. Y fue así.
12. Produjo, pues, la tierra hierba verde, hierba que da semilla según su naturaleza, y árbol que da fruto, cuya semilla está en él, según su género. Y vio Dios que era bueno.
13. Y fue la tarde y la mañana el día tercero.
Dios separó los mares de lo seco (la tierra).  La tierra produjo hierba y árboles según su género.
En  el tercer día, Dios separó lo seco. Los lugares secos son habitados por los espíritus inmundos según nuestro Señor Jesucristo nos explicó en Lucas 11:24-26. En Levítico 16, durante el día de la expiación se enviaba un macho cabrío a Azazel que habita en el desierto. Azazel es identificado por muchos intérpretes como Satanás, la fuente del pecado.

Las áreas secas en la vida del creyente son aquellas dónde aún tiene influencia el maligno. Adicciones, hábitos pecaminosos, amargura, falta de perdón, heridas del pasado. Poca gente ha encontrado solución instantánea al alcoholismo, a la promiscuidad y otros males al recibir a Cristo en su vida. La mayoría tiene que pasar por un proceso de sanidad que algunos llaman sanidad interior, sanidad emocional o sanidad del alma.

En
Lucas 4:18-19, Jesucristo afirmó que la profecía de Isaías se cumplió en Él, al leer:
Espíritu del Señor está sobre mí,
Por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres;
Me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón;
A pregonar libertad a los cautivos,
Y vista a los ciegos;
A poner en libertad a los oprimidos;
A predicar el año agradable del Señor.

Además de salvar, Cristo puede sanar a todos los oprimidos: quienes han sido abusados sexualmente, quienes han sufrido maltrato intrafamiliar, a los huérfanos, a las viudas, a los delincuentes, a los quebrantados de corazón. Al llegar a Cristo tenemos restauración y sanidad de toda herida del pasado.
Dios separó lo seco para que la tierra produjera fruto (hierba y árboles). Debemos reconocer las heridas del pasado, en muchos casos con su crudeza y vergüenza, porque la verdad nos hace libres. No es morbo. Algunos psicólogos afirman que algunas mujeres que han sufrido violación no pueden disfrutar de intimidad marital. Los traumas del pasado en muchas ocasiones impiden disfrutar de la vida en abundancia, pueden desencadenar enfermedades mentales e incluso físicas.

El profeta Jeremías nos dice que hay que entresacar lo precioso de lo vil (15:19). Es decir, permitir que Cristo sane nuestra heridas y una vez sanos, usar nuestra experiencia para ayudar a otros en circunstancias similares. En palabras de Pablo, permitir que Cristo “nos consuele en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:4).

Verifique si existen lugares secos en su vida y entresaque lo precioso de lo vil. Su pasado es pasado, los yugos se pudren a causa de la unción, de la llenura del Espíritu en el corazón del creyente (Isaías 10:27). Si no identifica lugares secos, ¡Gloria a Dios! Siga creciendo en su vida cristiana.

La mejor manera de haber superado los lugares secos es cuando en nuestra vida se muestra el fruto del Espíritu: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre y templanza.
Día 4
14. Dijo luego Dios: Haya lumbreras en la expansión de los cielos para separar el día de la noche; y sirvan de señales para las estaciones, para días y años,
15. y sean por lumbreras en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra. Y fue así.
16. E hizo Dios las dos grandes lumbreras; la lumbrera mayor para que señorease en el día, y la lumbrera menor para que señorease en la noche; hizo también las estrellas.
17. Y las puso Dios en la expansión de los cielos para alumbrar sobre la tierra,
18. y para señorear en el día y en la noche, y para separar la luz de las tinieblas. Y vio Dios que era bueno.
19. Y fue la tarde y la mañana el día cuarto.
Dios puso lumbreras y estrellas en la expansión para separar el día de la noche, para servir de señales para las estaciones, días y años.
Las lumbreras se hicieron para alumbrar, señorear y separar la luz de las tinieblas.
Un cristiano maduro debe hallar su lugar en el Cuerpo de Cristo. El Apóstol Pedro afirma que“somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para anunciar las virtudes de aquel que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable” (1 Pedro 2:9). La misión de todo cristiano es contribuir a la Gran Comisión “ir y hacer discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19).
Para tal fin, el Espíritu de Dios nos ha dado dones, capacidades y habilidades espirituales para contribuir en la extensión del Reino de Dios. En el Nuevo Testamento, el Apóstol Pablo, menciona los dones espirituales en Romanos 12 y en 1 Corintios 12. El Dr. Peter Wagner en su estudio Cómo hallar sus dones espirituales enumera 25 dones: profecía, pastorado, enseñanza, sabiduría, conocimiento (ciencia), exhortación, discernimiento de espíritus, dar, ayudar, misericordia, misionero, evangelista, hospitalidad, fe, liderazgo, administración, milagros, sanidad, lenguas, interpretación, pobreza voluntaria, celibato, intercesión, exorcismo y el de servicio. Todos se hallan mencionados en la Biblia y son para la edificación de la Iglesia.

Todos los creyentes debemos descubrir qué dones hemos recibido, aprender a usarlos, avivarlos mediante su ejercicio. Al ejercitar nuestros dones servimos de señales al mundo, alumbramos el entendimiento con la luz del Evangelio y podemos separar la luz de las tinieblas, porque abatimos la ignorancia y el pecado.
Como miembro del Cuerpo de Cristo, identifique sus dones y úselos para ser luz y sal de esta sociedad que necesita del Evangelio.
 
Día 5
20. Dijo Dios: Produzcan las aguas seres vivientes, y aves que vuelen sobre la tierra, en la abierta expansión de los cielos.
21. Y creó Dios los grandes monstruos marinos, y todo ser viviente que se mueve, que las aguas produjeron según su género, y toda ave alada según su especie. Y vio Dios que era bueno.
22. Y Dios los bendijo, diciendo: Fructificad y multiplicaos, y llenad las aguas en los mares, y multiplíquense las aves en la tierra.
23. Y fue la tarde y la mañana el día quinto.
Dios hizo que las aguas produjeran seres vivientes y aves que vuelen en los cielos.
 
Día 6
24. Luego dijo Dios: Produzca la tierra seres vivientes según su género, bestias y serpientes y animales de la tierra según su especie. Y fue así.
25. E hizo Dios animales de la tierra según su género, y ganado según su género, y todo animal que se arrastra sobre la tierra según su especie. Y vio Dios que era bueno.
26. Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza; y señoree en los peces del mar, en las aves de los cielos, en las bestias, en toda la tierra, y en todo animal que se arrastra sobre la tierra.
27. Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó.
28. Y los bendijo Dios, y les dijo: Fructificad y multiplicaos; llenad la tierra, y sojuzgadla, y señoread en los peces del mar, en las aves de los cielos, y en todas las bestias que se mueven sobre la tierra.
29. Y dijo Dios: He aquí que os he dado toda planta que da semilla, que está sobre toda la tierra, y todo árbol en que hay fruto y que da semilla; os serán para comer.
30. Y a toda bestia de la tierra, y a todas las aves de los cielos, y a todo lo que se arrastra sobre la tierra, en que hay vida, toda planta verde les será para comer. Y fue así.
31. Y vio Dios todo lo que había hecho, y he aquí que era bueno en gran manera. Y fue la tarde y la mañana el día sexto.
Dios hizo que la tierra produjera seres vivientes, bestias y serpientes. Para coronar su creación hizo al ser humano a su imagen y semejanza, varón y hembra los creó. El hombre debe llenar, sojuzgar y señorear toda la creación. Es la etapa de la reproducción, de la multiplicación y de gobernar, señorear, sojuzgar.

El quinto y sexto días se caracterizan por la reproducción. Representan la edad adulta del creyente en que puede reproducirse según su género. Es la edad para guiar con sabiduría a otros en el camino del Señor.
El exfariseo recalcitrante Saulo, ahora llamado Pablo al dar la lista de cualidades de los ministros dice en 1 Timoteo 3:
2. Es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar;
3. no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro;
4. que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad
5. (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?);
6. no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo.
7. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.
Estos requisitos muestran el carácter de un cristiano maduro. Uno que se ha separado de las tinieblas, que sabe trazar rectamente la Palabra de Verdad como obrero aprobado, uno que ha eliminado los lugares secos de su vida, uno que ha identificado sus dones y los pone a trabajar para el bien de todos los creyentes.
La misma naturaleza nos enseña que los árboles frutales se reproducen en la edad adulta, los animales también e incluso los seres humanos, requerimos habernos desarrollado físicamente para poder reproducirnos.
Cada uno se reproduce según su género y su especie. Si un cristiano amargado se reproduce, el nuevo creyente absorberá parte de su amargura. Si un creyente chismoso se reproduce, el nuevo creyente será semejante a él, “comunicativo.” Pero si un cristiano fiel se reproduce, su hijo espiritual adoptará su fidelidad. Un cristiano maduro que se reproduce con sabiduría, el nuevo cristiano adoptará su ejemplo de buscar la madurez.

Esta etapa representa el establecimiento de los ministerios de gobierno enunciados por Pablo en
Efesios 4:11-12:
Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio…

Son ministerios que requieren de las personas más maduras por las responsabilidades que enfrentan en su servicio. Estos ministerios requieren varones ejemplares, perfectos, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo y no niños fluctuantes; gente que ha avanzado más allá de los rudimentos y siguen adelante a la perfección.

Por ello, en el sexto día Dios coronó su creación con el ser humano a su imagen y semejanza. Es la etapa de servir a Dios como Adán en el huerto, la etapa del diálogo directo con Dios, cara a cara.

¿Es usted un creyente que ha llegado a esta madurez? Entonces reprodúzcase, gobierne, señoree. Si no es maduro, tenga paciencia. Si se adelanta, se causará muchos dolores de cabeza, a usted y a otros.
 
Día 7
1. Fueron, pues, acabados los cielos y la tierra, y todo el ejército de ellos.
2. Y acabó Dios en el día séptimo la obra que hizo; y reposó el día séptimo de toda la obra que hizo.
3. Y bendijo Dios al día séptimo, y lo santificó, porque en él reposó de toda la obra que había hecho en la creación.

Dios consagró el séptimo día. Como nuestro Padre, ha apartado un día para dedicárselo a sus hijos. Este ejemplo divino reprueba la adicción al trabajo. Pero más allá de eso, representa la etapa en que el cristiano va más allá del éxito ministerial y se consagra a su Creador.

Muchos siervos de Dios son muy activos, pero a algunos se les olvida consagrarse a Dios. Están de lleno en la obra, pero no tienen tiempo para el Dios de la Obra. De aquí las vergonzosas “caídas” de ministros y líderes “exitosos.” Las tres “F” que llegan a inscribirse en las tumbas de muchos ministerios son “Faldas, Fama y Finanzas.” Ejemplos bíblicos no faltan: Sansón, Balaam, Judás Iscariote y otros.
Muy posiblemente Pablo tenía esto en mente cuando escribió en 1 de Corintios:
9:24 ¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis.
9:25 Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos, a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible.
9:26 Así que, yo de esta manera corro, no como a la ventura; de esta manera peleo, no como Quien golpea el aire,
9:27 sino que golpeo mi cuerpo, y lo pongo en servidumbre, no sea que habiendo sido heraldo para otros, yo mismo venga a ser eliminado.

Si hemos llegado a la madurez, consagrémonos al Señor.
“Sin santidad nadie verá al Señor” se lee en Hebreos 12:14. El gran libertador Moisés no pudo entrar a la Tierra Prometida por “no cuanto pecó contra Dios en medio de los hijos de Israel en las aguas de Meriba de Cades, en el desierto de Zin; porque no lo santificó en medio de los hijos de Israel.” (Deuteronomio 32:51).

El sabio Salomón, se olvidó de consagrarse a Dios y cuando “era ya viejo, sus mujeres inclinaron su corazón tras dioses ajenos, y su corazón no era perfecto con Jehová su Dios.” (1 Reyes 11:4).

Conságrese a Dios, vuelva al primer y único Amor, deje la tibieza, haga de su vida una ofrenda agradable al Creador. Esto lo hará apto para recibir el calificativo divino de “buen siervo y fiel” y se le dará “amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo” (1 Pedro 1:11).
 
Conclusión

La vida cristiana inicia en medio de las tinieblas pero termina en la luz. Por la gracia de Dios, por la fe en sus promesas y ayudados de su Espíritu se pueden superar las pruebas en el desierto como lo hicieron Josué y Caleb.

El cristianismo es un Camino, no una zona de descanso, debemos avanzar. Sigamos las pisadas del Maestro que la columna de fuego se está moviendo. Confiemos en que como lo hizo en la creación, la buena obra que Dios ha comenzado en cada uno de nosotros la perfeccionará hasta el día de Jesucristo (Filipenses 1:6). Si en verdad ha salido de las tinieblas, de Egipto, continúe el proceso hasta la consagración, no se detenga, no se estanque.El desierto no debe convertirse en nuestra tumba. Nos espera la Tierra Prometida. En el séptimo día Dios quiere pasar tiempo con nosotros, toda una eternidad.

© Sixto Vicente.